INFORMATIVO ZONA NORTE (www.papantlaenlanoticia.com): LA TERRIBLE HISTORIA DE LA HIENA DE QUERÉTARO

Buscar este blog

lunes, 15 de octubre de 2018

LA TERRIBLE HISTORIA DE LA HIENA DE QUERÉTARO


“Mis niños están dormidos en la casa”, decía Claudia Mijangos cuando despertó en el hospital, ante las preguntas que le hacía la agente ministerial, Sara Feregrino… “Yo quiero mucho a mis hijos, son niños muy buenos y no son traviesos”, decía la señora, como desvariando.
Horas antes, Verónica Vázquez, amiga de Claudia, había llegado por la mañana a la casa 408 de la calle Hacienda Vegil, Colonia Jardines de la Hacienda, en Querétaro. Tocó y le abrió Claudia, con la ropa manchada de sangre y la mirada extraviada. Verónica entró rápidamente a la casa, pues intuyó que su amiga había sido atacada por delincuentes.
Luego vio, horrorizada, los cadáveres de los tres niños.
Claudia alucinaba. Decía que sus hijos se habían manchado de salsa catsup. Verónica salió huyendo de aquella escena de muerte; el hedor de la sangre resultaba insufrible. Llamó inmediatamente a la policía.
Los agentes entraron a la fuerza a aquel hogar en desgracia.
Creyeron entonces que la madre también estaba muerta, pero el comandante Adolfo Durán descubrió que Claudia estaba con vida. Había intentado suicidarse después de arrebatarle la vida a su tres hijos a cuchilladas. Llamaron a la Cruz Roja…
A los tres días, la filicida estaba sedada y amarrada de pies y manos. Se le tomó su primera declaración el 27 de abril de 1989 a las 11:30 horas. El día 24 había ocurrido la tragedia que indignó a la sociedad queretana.
Mazatlán, Sinaloa fue cuna de Claudia Mijangos Arzac. En aquel puerto vio la primera luz, en 1956. Fue una niña feliz. No le faltaba nada al lado de su familia. Disfrutaba del calor hogareño. Era estudiante de la carrera de Comercio y el destino la llevó muy jovencita de la mano a concursar en un certamen de belleza, donde fue elegida reina del puerto. Al morir sus padres, Claudia recibió una jugosa herencia.
Se casó al poco tiempo con el empleado bancario Alfredo Castaños Gutiérrez, ocho años mayor que ella, y fincaron su hogar conyugal en Querétaro.
Claudia era emprendedora. Abrió en aquella ciudad una exclusiva tienda de ropa en el Pasaje de La Llata, donde las mujeres más destacadas de aquella ciudad compraban sus vestidos.
Se daba tiempo para todo. Claudia era inquieta. Le gustaba servir. Daba clases de Catecismo, Ética y Religión en el colegio Fray Luis de León, donde estudiaban sus tres hijos: Claudia María, de 11 años; Ana Belén, de 9; y Alfredo Antonio, de 6.
Sin embargo, Claudia no era una mujer sana del todo. Empezaron a aflorar fuertes trastornos psicológicos en su personalidad. Su matrinonio se veía afectado constantemente. Y muy pronto, los problemas conyugales se volvieron una pesadilla.
Momentos después arrastró el cuerpo de la niña hacia la recámara principal para finalmente apilarlo junto al de sus hermanos y cubrirlos con una colcha. Limpió dos de los cuchillos, tomó el tercero y se hizo cortes en las muñecas y en el pecho, tratando de suicidarse.
Al llegar los agentes descubrieron que el piso de la sala y las escaleras que iban hacia la planta alta estaban manchados de sangre, al igual que el pasillo entre la recámara principal, la recámara del pequeño Alfredo, la recámara de las niñas y el baño.
En sus declaraciones ministeriales, Claudia responsabilizó del crimen al sacerdote al que supuestamente amaba:
-El padre Ramón me hablaba telepáticamente, él influyó para que me divorciara, pero como mi madre era un freno moral para que me uniera a él, el padre Ramón con maleficios mató a mi madre; me sigue trabajando mentalmente para poseerme y también mi marido quiere regresar conmigo y me trabaja mentalmente, fue tanta la presión que me descontrolé, añadía Claudia en su cama de hospital.
Se dijo que luego cambió la versión de sus declaraciones. Apuntó que no recordaba nada, que la había despertado su amiga que tocaba a la puerta de su casa y que después la habían trasladado al hospital. Hablaba de sus hijos como si estuvieran en la escuela. Los periódicos condenaron su crimen. Fue bautizada como “La Hiena de Querétaro”.
Su abogado defensor, Julio Esponda Ugartechea, trató de inculpar a su exesposo en el crimen. Los exámenes neurológicos determinaron que Claudia padecía un trastorno mental orgánico: epilepsia del lóbulo temporal, acompañado de una perturbación de la personalidad tipo paranoide, por lo que se suspendió el procedimiento penal ordinario y se acordó aplicar una medida de seguridad de treinta años por el triple filicidio, la pena máxima contemplada en esa época.
El 23 de enero de 1992, fue trasladada del Cereso Femenil Sur de la Ciudad de México a Querétaro. Claudia Mijangos Arzac quedó recluida durante más de veinte años en el anexo psiquiátrico del Reclusorio de Tepepan. Su pelo encaneció y comenzó a utilizar anteojos. En 2007 la operaron de la glándula tiroides. Pese a los años de reclusión, nunca recibió visitas de su familia.
Aquel sangriento episodio dio pie a todo tipo de leyendas urbanas. Se dijo que la casa donde sucedieron los hechos estaba embrujada y que se aparecían los niños sacrificados.
Hubo versiones en torno a que dentro de aquella casa se escuchaban por las noches llantos y gritos, que se veían luces y sombras en el interior de la casa y que un niño pequeño se asomaba a las ventanas.
Entre los relatos carcelarios se escribió que cuando Claudia se encontraba tranquila, compartía su celda con la francesa Florence Cassez, quien fue sentenciada en 2009 a sesenta años de prisión por el delito de secuestro.
Y según testimonios de algunas enfermeras, cada vez que había luna llena, era necesario encerrar a Claudia en una celda especial, porque se tornaba muy agresiva. Su padecimiento es incurable, decía el parte médico.
La casa donde se desarrollaron los trágicos acontecimientos es propiedad de Claudia. Estuvo en el total abandono. Nadie la reclamó.
Los habitantes de las casas vecinas exigían a las autoridades mayor seguridad. Los curiosos se metían furtivamente a aquel lugar, ya abandonado. Con el tiempo, la casa donde ocurrió el triple asesinato fue cerrada por completo. Claudia sigue presa y a punto de recuperar su libertad.
Después de su divorcio, Ella se quedó con la custodia de sus tres hijos. Las personas cercaban veían cómo aquellos disturbios emocionales afectaban con más fuerza a Claudia… Siguió con sus clases de religión y con la venta de ropa.En la escuela donde estudiaban sus hijos, daba clases un joven sacerdote, el padre Ramón. Se dijo que Claudia se obsesionó con aquel religioso; mucha gente les atribuyó un idilio. Él y otro cura, el padre Rigoberto, hablaban constantemente con ella. Se supo que durante varios días, Claudia había escuchado voces extrañas. No quiso comentárselo a su exesposo, pues él siempre la tachó de loca.
Llegó el día trágico. Era una calurosa tarde de domingo aquel 23 de abril de 1989. Alfredo Castaños llevó a sus hijos a una kermesse de la escuela. De regreso a casa, discutió acaloradamente con Claudia.
Conocía de antemano el exmarido el asunto del padrecito. Pretendía Alfredo retornar al hogar con Claudia y sus hijos.
Pero ella se negaba rotundamente. Parecía defender sus sentimientos hacia aquel religioso. Entonces su exesposo, enojado, le dijo que “se iba a arrepentir”. Luego se retiró. Claudia cerró la puerta con llave. Subió a darle la bendición a sus hijos y se dirigió a su recámara para descansar.
En las primeras horas del lunes -24 de abril-, cuando aún no amanecía, Claudia despertó subítamente. Fuertes y extrañas voces taladraban su celebro. Estuvo varios minutos escuchándolas, intentando discernir si eran reales. Luego se levantó y se vistió. Encaminó sus pasos hacia la cocina y se apoderó de tres cuchillos. Su mente estaba trastornada. Sus hijos dormían, ajenos a la tragedia que se avecinaba y que parecía inevitable…
Claudia ya había decidido quitarles la vida.
De acuerdo a la crónica policiaca de la época, Alfredo Antonio, el niño más pequeño, fue el primero en morir por las cuchilladas que su madre le dio mientras dormía en su cama.
El niño gritaba de dolor y terror.
Perdió en pocos minutos el conocimiento y la vida…
Claudia cambió de cuchillo; usó uno distinto con cada uno de sus hijos. Apuñaló seis veces a Claudia María. Herida de muerte y con los pulmones perforados, la horrorizada niña aún alcanzó a salir de la recámara buscando esconderse.
“¡No mamá, no mamá, no lo hagas!”, gritaba. Los gritos de dolor y desesperación alertaron a los vecinos, pero éstos decidieron no intervenir.
Claudia tomó entonces el tercer cuchillo y apuñaló en el corazón a su hija menor Ana Belén, de nueve años, quien no opuso mucha resistencia.
Después bajó de prisa las escaleras para buscar a la agonizante Claudia María, quien se había desmayado, boca arriba, sobre el piso del comedor. Volvió a apuñalarla.

TOMADO DE:
https://www.la-prensa.com.mx/archivos/291792-claudia-mijangos-se-asoma-el-fin-de-su-condena

No hay comentarios: