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sábado, 19 de agosto de 2017

Les prometen el cielo y lo único que reciben son golpes


“En Veracruz el calor es insoportable, pero es mejor que te escurra sudor a gotas de sangre o usar lentes de sol porque el clima sí lo ameríta y no porque tus ojos están morados por un puñetazo”, relató Carmen Guerrero, quien hace menos de dos meses escapó de su novio que radica en la Ciudad de México.

La joven de 23 años contó que hace cuatro conoció a Alberto en un restaurante que su familia atendía en los límites de Veracruz y Tabasco.

“Mi papá tenía una cafetería sobre la carretera, yo le empecé a ayudar en el negocio porque no entré a la universidad y debía esperar un año, ahí fue cuando conocí a Beto. Yo tenía 19 y él 25, él no era vecino de la zona, como muchos otros clientes, también viajaba y se detenía en las cachimbas, como les decimos a los restaurantes”.

Las visitas de Alberto al local de la familia Guerrero se hicieron más frecuentes, en dos meses había intercambiado número telefónico con Carmen, así como redes sociales.

“Platicábamos mucho por Facebook, así nos hicimos novios, y cuando podía me iba a ver. A los siete meses de noviazgo me escribió que quería vivir conmigo, no lo pensé dos veces, estaba enamorada y siempre había odiado el clima cálido de acá, a eso le sumaba mis ganas por conocer la ciudad”.

Alberto recibió a Carmen en el aeropuerto un 20 de enero, la llevó a un departamento que rentaba en la colonia Clavería.

“La primera semana fue una maravilla, me llevó a conocer el Zócalo, Bellas Artes, el centro de Coyoacán, salíamos con sus compañeros de trabajo, él se encargaba de la limpieza y de la comida, pero en menos de un mes se acabó el amor y empezó mi tormento”.

El ex novio de Carmen comenzó a hacerle escenas de celos, tiró los vestidos y camisetas que ella traía, “porque me confundirían con una prostituta si me los ponía”.

No la dejaba salir a menos que fuera acompañada de él, borró sus cuentas de redes sociales y le prohibió llamar a su papá.

“Yo traía un celular. En nuestra primera discusión, por un vestido que me puse, lo aventó [el celular] por la ventana, vivíamos en un sexto piso, ahí también recibí mi primer cachetadón y todas las prohibiciones, no podría salir si no era con él, ni siquiera al mercado, no me dejaba maquillarme y me pintaba puntos en la cara con un plumón que se llevaba, según él, así no saldría a la calle por pena, y si me lavaba la cara entonces sabría que salí y me ganaría un castigo”.

La joven recuerda que nunca le faltó de comer y que, a pesar de las exigencias de su pareja, no lo veía con resentimiento.

“Me acostumbré a vivir así. Pasó como medio año y me llevó a conocer a su mamá y a sus hermanas, es chistoso, porque ellas me ayudaron a escapar”.

La familia de Alberto vive en el Estado de México, “son tres mujeres que se indignaron cuando él les contó que ya no tenía contacto con mi familia, les dijo que era lo mejor y les inventó que mi papá me golpeaba, yo hice clic con su mamá, que luego luego se dio cuenta de que su hijo mentía y me dijo que me ayudaría, pero que yo tenía que poner de mi parte”.

Los abusos de Alberto aumentaban con los días, todo le molestaba, “que si planché mal, que si lavé mal, que la comida no tenía sabor, que era una inútil, ahí del diario me pegaba, le encantaba darme en la cara, dos o tres puñetazos, o me amarraba en la cama y me pateaba”.

En la última golpiza, Alberto salió tan enojado y rápido que no encerró a Carmen, “ahí aproveché y llegué con su familia, el único lugar en donde me sentía segura. Su mamá me llevó a levantar una denuncia y me regresó a Veracruz”.

En los últimos dos meses Carmen no ha tenido contacto con Alberto, está yendo a terapia y a la espera de reunirse con su mamá que no vive en México.

“Tuve la fortuna de que su mamá y sus hermanas me ayudaron. En mi caso sólo fueron golpes, que dejan cicatrices, pero estoy viva, hay chicas que no tienen mi suerte. Escapé y espero que él no me encuentre, por eso saldré del país, pero pido a todas las mujeres que no se dejen, que busquen ayuda y que traten de conocer a sus parejas. Nos pueden prometer el mundo, el problema es cuando éste viene lleno de violencia y golpizas”.

CON INFORMACIÓN DE: 

El Universal Compañía Periodística S.A. de C.V.

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